| Cobra fuerza la educación |
| domingo, 10 de septiembre de 2006 | |
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La oferta educativa de los colegios es cada vez más variada y lejos de los modelos tradicionales.
Apartir de esta semana, cientos de miles de niños y adolescentes iniciarán un nuevo curso escolar. Con toda probabilidad, la condición de las escuelas públicas y la falta de maestros serán nuevamente un tema de conversación. Tampoco faltará la visita de los funcionarios de gobierno a alguna de las muchas escuelas ejemplares que existen en la Isla, donde se hablará de los progresos en la educación pública, un sistema que en abril pasado, por primera vez en la historia, concluyó de manera abrupta los trabajos académicos por falta de dinero. Mientras eso sucede, también regresarán al aula miles de estudiantes, quienes aprenderán sobre historia o matemáticas, inglés o soccer en cientos de escuelas o colegios privados ubicados a través de toda la Isla. Negocios dio un vistazo a este sector para corroborar que la educación privada se ha convertido en una fuerza económica de importancia en Puerto Rico. Según el Estudio sobre la Industria Educativa, un ejercicio que desarrolló la reputada firma Quality for Business Success (QBS). el ingreso total atribuible a este sector es de aproximadamente $2,535 millones de dólares para el año 2004. Ese valor constituye el 3.42% del total del Producto Bruto Interno de Puerto Rico en ese año. El estudio se divulgó en septiembre del 2005 y analizó unas 320 variables, convirtiéndose en unos de los trabajos más completos que se hayan realizado sobre el sector recientemente. Dicha oferta académica se ha convertido además en una respuesta asequible a las necesidades educativas de miles de padres y madres, quienes si bien pagan contribuciones para aportar a la educación pública también sufragan la educación privada con la esperanza de darle a la prole “la educación que ellos no tuvieron”. Según los datos del Censo, en el año 2000, en Puerto Rico había poco más de un millón de personas matriculadas en alguna institución de enseñanza, incluyendo universidades tanto a nivel subgraduado como graduado. De éstos, unos 836,000 cursaban estudios a nivel elemental o secundario. Por su parte, el Consejo General de Educación (CGE), entidad que por ley otorga licencias para el establecimiento de tales instituciones, reveló que al 15 de marzo de este año había unos 134,036 estudiantes matriculados en escuelas privadas desde el grado pre-escolar hasta la escuela superior. Dicho número incluye estudiantes matriculados en entidades con programas de educación especial. “Si no existiéramos, creo el sistema público colapsaría”, dijo Doris Bello, presidenta de la Asociación de Educación Privada y fundadora del colegio American School, una institución donde el pan de la enseñanza se imparte en inglés. Bello, posee más de 30 años de experiencia en esta disciplina y conoce muy bien lo que significa ser educadora en el sistema de enseñanza público, tanto en los Estados Unidos continentales como en la Isla. La falta de un modelo de enseñanza en la Isla para aquellos cuyo vernáculo es el inglés y para el número creciente de padres que busca darle a sus hijos la base sólida de un segundo idioma motivó a Bello a fundar, hace cerca de tres décadas, el colegio ubicado en Bayamón, desde donde se sirve a poco más de 1,000 estudiantes y la facultad cuenta con 60 profesionales. Según Bello esa historia-es decir, el interés de resarcir u ofrecer algún servicio particular en el proceso de enseñanza-es la que ha precedido a la fundación de cientos de colegios y academias en el País y lo que a su vez, ha generado una pluralidad de enfoques educativos. En Puerto Rico, hay 677 instituciones privadas con licencia, según datos provistos por el CGE. Cerca del 39% de estas entidades posee programas educativos desde pre-escolar (PK) hasta el duodécimo grado (12). El 27% de las escuelas ofrecen educación a nivel pre-escolar y elemental, mientras que también han proliferado muchísimo las escuelas maternales, las cuales representan un 17%. La diferencia porcentual agrupa a escuelas que ofrecen servicios en una o dos de las etapas de la vida estudiantil, ya sea a nivel elemental o secundaria. Esa gama de alternativas, es precisamente una de las fortalezas de la educación privada y uno de los atributos que más defiende la Asociación, según Bello. “Todas las escuelas privadas tienen su filosofía educativa y se establecen requisitos para que el niño sea admitido. El padre matricula al niño porque está de acuerdo con esa filosofía y tiene la libertad de escoger lo que quiera. Eso es lo bueno del sistema educativo privado, la pluralidad de instituciones, algo que es mejor, diría que más variado que en los Estados Unidos”, sostuvo Bello. Explicó que en la Isla hay cabida y demanda para múltiples corrientes educativas, desde escuelas Mita -vinculadas a esa congregación religiosa- hasta escuelas cristianas, militares o con métodos de enseñanza que apuntalan destrezas particulares como las ciencias y matemáticas. Esa diversidad también resarce necesidades de índole cultural, un aspecto que el sistema público de enseñanza no puede subsanar debido a su gran tamaño y estructura jerárquica. Según la educadora, la escuela privada, por su tamaño y flexibilidad, puede diseñar programas educativos para estudiantes con necesidades específicas. En el caso de American, por ejemplo, Bello ofrece servicios educativos a estudiantes católicos, protestantes, musulmanes y estudiantes de ascendencia oriental. Bello incluso ha diseñado programas particulares para estudiantes que ni siquiera hablan español o inglés. De aquí que las escuelas privadas son cada vez más una alternativa viable para los padres, quienes en su mayoría, dijo Bello, muestran un gran interés por ofrecer lo mejor a los hijos. Bello indicó que a las escuelas privadas asisten los hijos de médicos y abogados, profesiones que suelen asociarse a un nivel alto de ingresos, pero también asisten los hijos de secretarias, políticos, enfermeras e incluso de maestros y directores escolares que trabajan en el sistema público de enseñanza. Esa tendencia se corrobora en el estudio de QBS, según indicó Héctor López, quien sostuvo que la investigación derribó el estereotipo asociado al alto costo de la educación privada. Explicó que el 20% de las escuelas que participaron en el estudio tiene mensualidades de $50 o menos, mientras que el 44% tiene pagos mensuales que rondan entre los $101 y $200. La tendencia también se constata en el pago de matrícula que constituye el pago inicial por los servicios educativos. “Los pagos son accesibles para un enorme segmento de la población”, agregó López al indicar que esa tendencia evidencia el alto número de familias de clase media que invierten en la educación privada de los hijos. El estudio revela además que el 60% de estas instituciones posee programas de becas para estudiantes de escasos recursos. Claro está, en la Isla sí hay instituciones costosas, es decir de más de $500 mensuales, pero éstas son pocas, según expresó López. “Casi siempre el alto costo tiene una diferenciación por instalaciones, en el mantenimiento y cuidados especiales, lo que requiere altísimas inversiones”, dijo López. El precio de la educación privada no necesariamente implica una relación directa con la calidad educativa, pues a nivel privado la constante es la búsqueda de calidad y ofrecimientos adicionales debido al carácter competitivo del sector. “Es un sector con excelentes ofrecimientos con respecto a lo que, en general es la educación pública. No estoy diciendo que la educación pública es mala, por el contrario, hay excelentes escuelas públicas, pero la tendencia general a nivel de todo el sistema no es esa”, dijo López. “En la escuela privada se tienen todos los rangos. Hay escuelas regulares, malas y buenas, pero en conjunto tienen niveles superiores a la escuela pública”, explicó. Ese hecho viene fortalecido por dos factores. El primero, según López, es que el educador tiene más incentivos, aunque no de carácter económico, para hacer su trabajo. Se trata de grupos más pequeños, mejores instalaciones y más herramientas para la enseñanza. Además, la organización exige calidad porque se trata de un sector que está en constante competencia. En segunda instancia, los padres y estudiantes se aponderan del proceso educativo y hay una exigencia constante de calidad. “La escuela pública se ve como un derecho civil. En la escuela privada, el padre eroga fondos, se siente un cliente con derecho a exigir un producto educativo”, sostuvo López. De aquí que las escuelas vean en las acreditaciones por parte de entidades independientes, una característica para distinguirse ante los ojos de los padres. “La tendencia actual es a acreditar las escuelas privadas. Cuando una institución se acredita está buscando ser reconocida como escuela de excelencia, para que sepan que esa institución tiene una oferta, una facultad que amplía la calidad”, dijo López, al explicar que “pasar por el filtro de entidades acreditadoras en los Estados Unidos o internacionales” implica altos niveles de cumplimiento. En el caso de la Middle States Association, por ejemplo, la escuela tendría que cumplir con unos 120 factores de calidad como el currículo educativo, facultad, instalaciones físicas, comidas, horarios y otros servicios. “La tendencia es tan importante que el 70% de las instituciones privadas están acreditadas por algún tipo de organización”, dijo López. De otra parte, las escuelas privadas también han desarrollado una oferta de servicios relacionados al proceso de aprendizaje que incluye programas deportivos, estudios supervisados y tutorías. En su mayoría, tales programas se ofrecen al concluir en horario extendido. Esa oferta, según López, además de los servicios de alimentación y transporte, actúa como complemento a la formación académica del estudiante. A su vez, ofrece recursos económicos adicionales a las instituciones y en última instancia representa un poderoso imán para los padres, en especial para aquellos que trabajan y necesitan de un servicio de cuido de los menores. La tendencia a ofrecer más servicios es una constante entre los colegios privados y ha constituido una de las fortalezas del Colegio Adianez en Guaynabo. Ana Cristina Sánchez, directora académica de la referida institución en Guaynabo, explicó que el colegio siempre se distinguió por su intensa oferta académica, pero el desarrollo de eventos que trascienden el aula y el programa de clases son la exigencia constante del nuevo estudiantado. “Los estudiantes se sienten más identificados, se enamoran de su escuela cuando se ofrecen actividades extracurriculares”, dijo Sánchez al subrayar que eso motivó a Adianez, un colegio que sirve a unos 700 estudiantes y tiene una facultad de 40 profesores, a crear decenas de iniciativas como los clubes de matemáticas y de oratoria, así como eventos como la “noche puertorriqueña” y la “noche internacional”. Pero según Sánchez, otrora presidenta de la Asociación de Educación Privada, esa oferta implica inversiones sustanciales. Se requiere la contratación de servicios adicionales, de profesores especializados y de mejoras importantes, como la construcción de una nueva cancha que funcione como lugar deportivo y de celebraciones especiales. “Los costos son bien fuertes”, dijo Sánchez al señalar que el pago de matrícula y la mensualidad constituyen la fuente principal de ingresos de las instituciones privadas, en especial cuando se trata de entidades con fines de lucro. De aquí que el ofrecimiento de tales servicios, así como el monitoreo del desempeño estudiantil está íntimamente a los asuntos presupuestarios de la institución y cada año, el desempeño de los estudiantes actúa como punto de partida para nuevas inversiones. De hecho, el estudio de QBS confirma que en el 2004, más del 30% de las instituciones privadas invirtieron $50,000 o más en mejoras a los planteles o con el fin de expandir sus servicios. Otro 18% invirtió más de $1 millón en el mismo año. Según Sánchez, el estudiantado actual implica mayores retos. “Cada estudiante tiene una manera distinta de aprender, algunos son más visuales, otros más auditivos”, explicó la educadora al subrayar que esa realidad requiere de enfoques diversos y de estrategias más individualizadas. Para Sánchez no hay escuelas perfectas y los estudiantes buenos serán exitosos en cualquier escuela, sea pública o privada. Sin embargo, las circunstancias actuales, la exposición a múltiples fuentes de información y a un entorno global requieren que el maestro se transforme para convertirse en un facilitador del proceso educativo. Ese enfoque permitirá que los estudiantes puedan desempeñarse mejor como ciudadanos y profesionales, y pone de manifiesto la urgencia de abandonar, lo que Sánchez describe como “la enseñanza tradicional”. |